viernes, 6 de septiembre de 2013

Rara

Ya era tarde y las sombras jugaban a su antojo con la luz de la luna. Pocas veces había visto una luna tan sumamente grande como aquel día, una de esas lunas que la hacía sentirse treméndamente pequeña. Lo primero que pensaba siempre, cuando veía luna llena, era en aquello que tan buenos recuerdos le traía: "hay luna de amor". Después de los quince o de los dieciocho todo cambia, las lunas dejan de ser lunas de amor para ser lunas sin más y el amor deja de tener ese trasfondo de cuento de hadas.


Esa noche era una de esas en las que no le importaba que le diesen las dos o las tres de la madrugada despierta en la cama y agradecía no tener nada importante que hacer al día siguiente. La noche le daba sensación de paz, de tranquilidad y de tener todo el tiempo del mundo para hacer todo lo que le viniese en gana; aunque la verdad es que, antes o después, el cansancio la acababa venciendo.

Sin embargo, esa noche, a pesar de ser igual que todas las demás, tenía algo distinto; era una sensación rara de tranquilidad, no como las de siempre, sino mejor. Como si todo lo que tuviese que arreglarse fuese a arreglarse de un momento a otro, como si los problemas fuesen a dejar de existir, como si todo lo malo fuese a esfumarse al igual que el humo de un cigarro, como si, por una vez, al fin, fuese a hacer un alto en el camino, un paréntesis, un "ahora vuelvo", sabiendo que cuando volviese ya nada sería lo mismo, ya nada sería igual...

(Febrero 2013)

domingo, 1 de septiembre de 2013

Instrucciones para la vida

Nace. Una vez hecho esto, intentarán educarte, poco a poco, y te inculcaran valores que serán buenos, los mejores de hecho, desde el punto de vista de aquellos que te educan. Tu vida no comenzará enseguida, pasará tiempo hasta que lo haga. Tú, mientras tanto, empápate bien de todo aquello que te quieran enseñar, el día de mañana te vendrá bien, te ayudará a saber elegir con cierto criterio. Un día, no se sabe bien a qué edad, te cuestionarás algo de lo que te intentaron inculcar y no será agradable para aquellos que te lo inculcaron, pero si supieron hacerlo bien, también sabrán que deben dejar que te equivoques. Y te equivocarás, sin duda, y hasta te sentirás mal por no haber hecho caso de los consejos que quisieron darte y te dieron; pero pasará, tranquilo. Otro día volverás a cuestionarte más cosas y más... Y comenzarás a crear tus propios principios y tus propios valores. Quizá, hasta te des cuenta de que cosas que siempre pensaste que eran o serían de cierta forma, ya no tienen por qué serlo igual. En ese momento, comenzaras a luchar por ti mismo y por ser tú. Seguramente te sientas extraño, como si alguien que no eres tú viviese en tu cuerpo, pero te gustará esa sensación de libertad y seguridad, esa sensación de ser tú mismo. No estarás sólo en ese cambio, ya que éste será propiciado por la gente con la que te cruces, por la gente importante que formará parte de ti y por todos aquellos que sean partícipes de tu viaje. Una vez llegados aquí, eres completamente libre, puedes soltar la mano y crear, definitivamente, esos principios que, el día de mañana, quizás, quieras inculcar a alguien. Ahora, puedes sentirte orgulloso de quien eres. Si consigues mantener ese sentimiento para siempre, es posible que, cuando todo acabe, sientas que mereció la pena. Seguramente, no haya más victoria que esa.

jueves, 29 de agosto de 2013

Adiós verano

Se escuchan las carreras aceleradas de los niños que corren a casa, riendo, aligerando cada vez más. Las persianas comienzan a cerrarse y se escucha como se cierran las puertas. Fuera, el cielo va oscureciéndose y el tiempo entre trueno y trueno cada vez es menor. Comienzan a caer las primeras gotas de lluvia, se escucha como chocan contra la barandilla del balcón. Un ligero viento entra por la ventana y hace que se te erice la piel. El agua comienza a correr calle abajo, chocha en las esquinas y genera una suerte de remolinos que bien pareciera que lo arrastrasen todo a sus paso, incluido el verano.

Adiós verano, cuídate allá donde vayas; hoy, tengo la sensación de que te llevas algo contigo...

lunes, 12 de agosto de 2013

Guerreros

Ha llegado el momento de la lucha. Los contrincantes se miran fijamente a los ojos, una mirada de esas que dejarían helado a cualquiera, una mirada de esas que hacen historia, de esas que marcan un antes y un después, un final y un principio, de esas que preceden a los momentos épicos, una mirada que mataría, que mata por sí sola, una de esas miradas... 
No están en igualdad de condiciones, ambos lo saben. Sus armas son distintas, sus escudos, diferentes, sus armaduras... uno de ellos no la necesita y de la capacidad para permanecer intacta de la del otro dependerá su muerte. Su muerte, no su vida, esa está a buen recaudo en algún lugar lejos del combate o eso cree, los espectadores parecen no tenerlo tan claro. La lucha comienza, nadie sabe a ciencia cierta cómo será el combate, nadie salvo uno de los contrincantes, el mismo que lo supo todo con sólo dos frases dichas un día, antes siquiera de saber que los dos eran guerreros. La certeza de saber qué ocurrirá y la sorpresa al verlo ocurrir, al sentirlo y al no poder decir que sí se esperaba porque la realidad es que no se esperaba, se sabía. La diferencia entre esperar y saber es abismal, hace que hasta se cierre el estómago durante días. Lejos de debilitar al guerrero, eso lo hace más fuerte. Comienzan a utilizar las armas, los escudos pretenden llevar a cabo su misión, pero parecen ir desapareciendo poco a poco. El resultado, bajo estas condiciones, empieza a ser claro: armas, escudos inexistentes en el momento de la lucha, un guerrero sin armadura y con la certeza de que nada atravesará su piel y, el otro, con una armadura cerrada a cal y canto y que amenaza con romperse en mil pedazos al mínimo contacto, para dejar así la piel desnuda e indefensa ante cualquier roce, rasguño o, en el peor de los casos, un golpe certero en el lugar que más duele. Juzguen ustedes mismos. La lucha sólo acaba de empezar...

domingo, 4 de agosto de 2013

El viaje

Ya está todo preparado, la maleta está hecha, aunque no sé muy bien qué es lo que llevo en ella. La megafonía avisa de que mi vuelo, mi tren o, quizá, mi barco está a punto de partir. Eso es, ahora lo he visto claro, es un barco, un barco velero. No voy sola. No conozco la duración del viaje, ni el destino. Espera... una isla desierta, una playa de esas paradisíacas... no, una laguna, en mitad de la nada, en cualquier lugar, eso es lo de menos. Y entro en ella, poco a poco, como no queriendo que el agua me roce más que los pies. Una mano aparece y me invita a entrar un poco más (si tú ya estás dentro, el agua debe tener buena temperatura, no sería posible que entrases antes que yo de otro modo). Y comienzo a dejar las cosas no importantes fuera. Un paso más. Los pensamientos comienzan a desaparecer, todo se desconecta. Dejo de ser yo y soy más yo que nunca al mismo tiempo. Otro paso. Ahora, si me tumbase, podría flotar. Ya puedo comenzar a nadar. Me voy alejando de la orilla. Apenas tengo consciencia ya de mí misma. Y, entonces, de la nada, aparece un nuevo camino posible. No hay ni un pequeño cartel que advierta del peligro. En un último fogonazo de luz, soy consciente de a dónde lleva. Y hago que se haga de noche, porque la luz no me deja ver, cierro los ojos, porque con ellos cerrados, todo se ve mejor. Y sucede. Ya no hago pie, tú tampoco. Se me olvida nadar. Y me sumerjo, te sumerges. No se divisa tierra firme y me voy quedando sin aliento. No sé qué hora es, tampoco sé si aquí el tiempo pasa lento o es como en los sueños, pero alguien me dijo que lo aprovechase. Así que sigo perdiendo el aliento. Sigo dejando que me lo arrebates. Y, entonces, me doy cuenta: justo este era el destino de mi viaje. Un lugar a donde nadie más puede llegar.

Quiero volver...

martes, 30 de julio de 2013

Dos noches y un día

La noche había sido larga. Se despertó a las tres, sobresaltada, maldijo sus sueños sin poder recordarlos y se volvió a dormir. La misma escena se repitió a las cinco. Parecía que llevaba siglos en la cama y que la noche no tenía intención de acabarse. A las siete y media sonó el despertador y, entonces, quiso volver a dormirse. De repente, se había dado cuenta de que la realidad de esa mañana no le gustaba. Hacía frío, algo incomprensible a finales de julio. Aun así, salió a la calle con los pantalones más cortos que encontró y la camiseta con menos tela que había en el armario; si hubiese servido de algo, la hubiese roto en mil pedazos y habría llenado de agujeros la poca tela que quedase sobre su cuerpo para no sentir más que le frío de fuera, porque el que llevaba dentro era mucho mayor.

Iba a ser un día difícil, un día largo, uno de esos que sabes que marcarán un antes y un después. Sólo había dos caminos y había que elegir uno. Era uno de esos días de tumbarse en la cama y tener todos los pensamientos que hubiese que tener de golpe. La noche haría su trabajo y, a la mañana siguiente, todo estaría en orden, el nudo en la boca del estómago desaparecería y todo lo que quedaría sería andar hacia delante, fuese cual fuese la dirección, andar hacia delante.

Y, así fue. Cuando esa noche que parecía no llegar tiñó el cielo de negro, cayó en la cama, cerrando todo resquicio de aire sin servir de nada, porque el frío seguía viniendo de dentro, dejó resbalar una lágrima por la mejilla que empapó un trocito de almohada y se durmió. A las cuatro despertó, ya no había sobresalto, la decisión estaba tomada, las palabras ya no resonaban en su cabeza entre sueños. Sólo quedaban tres horas y media para saber cuál sería.

Y volvió a sonar el despertador, acompañado de una frase que algún día escuchó en algún lugar...

martes, 23 de julio de 2013

Falsa alarma

Las sirenas se encienden, las luces comienzan a girar como locas, cae agua del techo, todo se empapa. Todos corren de un lado para otro mientras un corazón se acelera y una boca sonríe. Las imágenes empiezan a pasar por una mente despistada como si fuesen los fotogramas de una película. La sonrisa se hace mayor, el corazón late más fuerte e, incomprensiblemente, el miedo comienza a ser alivio.

Y, de repente, el corazón se ralentiza, el agua se seca, todos se paran y miran expectantes, las imágenes desaparecen, la oscuridad empieza a opacarlo todo, el miedo vuelve y la sonrisa se apaga... Falsa alarma.

martes, 2 de julio de 2013

¡Clic!

Los engranajes han encajado sin problema, a la primera. La maquinaria ya puede empezar a funcionar. Poco a poco, no vaya a ser que se suelte alguna tuerca. Y dan una vuelta completa. Ahora todo comienza a coger velocidad y las palabras "carpe diem" se iluminan con luces de neón. Pero la maquinaria baja el ritmo de revoluciones por segundo, las luces empiezan a apagarse... quizá debieron utilizarse los engranajes para parar el reloj con un conflicto de sentidos...

domingo, 26 de mayo de 2013

Feliz aniversario


Ha pasado un año desde que enredé por primera vez mis manos y mis pies en tu cuerpo. Nunca creí que tendría tantas noches para recordar contigo, nunca creí que fuese a pasar tanto tiempo junto a ti. 

Hoy, no puedo evitar acordarme de aquellas primeras veces en que me ponía tan nerviosa al verte con ese semblante serio, que el simple hecho de acariciarte era para mí un acto de valentía y coraje. Y cuando me hablabas, no podía creer que me hubieses elegido a mí. 

Pero seamos sinceros, en todo este tiempo tú sólo has estado jugando conmigo, manipulándome a tu antojo, tú y yo lo sabemos. Ya has conseguido que no tenga vida sin ti, has conseguido colarte en todos los rincones de mi vida, en todos mis rincones. Tu voz me embriaga, me hipnotiza, me deja sin aliento. 

Recuerdo cuando decidiste que debía vivir sin ti, porque lo decidiste tú, no yo; recuerdo como fui obligándome a olvidarme de ti después de esperar que tú regresases de algún modo; y recuerdo como, una noche, decidiste que era suficiente, que debía volver a vivir para ti; y yo volví, no hizo falta que lo repitieses ni que insistieses, volví, sumisa, consciente de que tú eras el único que movía mis hilos y de que la vida sin ti, sólo era un montón de hojas en blanco.

Desde entonces, no me dejas un minuto a solas. Me acechas, me buscas, me provocas, apareces en todas tus formas en mi camino; me llamas, y lo haces tan fuerte que es imposible que los que están a mi alrededor no se den cuenta de lo que siento hacia ti, del poder que tienes en mí. Me obligas a enredar mis manos y mis pies en ti cuando tú lo deseas, que más da si yo lo quiero o no, me obligas a que me olvide de todo y de todos, a que abandone mi mundo, a que me entregue entera a ti y me postre a tus pies para ofrecerte todo lo que tengo, y es que, en el fondo, sabes que me necesitas, porque la verdad es que sin mí no tienes voz, y eso me lo debes. Pero una vez que me tienes, con aire de superioridad, miras a los demás con la expresión del que sabe que tiene algo que ya nunca más podrá ser de nadie, porque mi corazón ha dejado de pertenecer a nadie, ahora, sólo te pertenece a ti.

Feliz aniversario, mi amo.

jueves, 21 de marzo de 2013

Hay alguien

Hay alguien que se pasea por mi habitación. No acabo de saber quién es, pero parece triste, como si hubiese perdido algo importante. Va dando pasitos cortos, sin avanzar mucho, poco a poco. A veces se sienta al piano y juega a que sabe tocarlo, juega tan bien que hasta suena bonito. Otras veces se sienta en la silla, apoya los codos en la mesa y piensa, supongo que piensa. He intentado acercarme, sonriendo  pero se va en cuanto siente que estoy cerca. He intentado hablarle, pero se tapa los oídos y no me escucha, le he preguntado quién es, cuál es su nombre, pero sólo me ha mirado fijamente a los ojos y no ha dicho nada. Pero, finalmente, he descubierto la manera de que se siente a mi lado: dejo que se haga de noche, apago la luz y lo dejo todo a oscuras, salvo por una lamparita minúscula que ilumina lo suficiente como para poder escribir. En ese momento, sin más, aparece a mi lado, se sienta en mi cama y creo que comienza a sonreír... 

domingo, 10 de marzo de 2013

Te llamaría amiga

Apareces de repente, sin previo aviso, cuando más lejos parece que estás. Intento salir corriendo, huir, escaparme de ti, pero siempre me alcanzas sin esfuerzo alguno. Entonces te haces un hueco en mí, pero lo haces de una manera tan extraña que sólo dejas vacío, esa es la prueba evidente de que estás aquí. Y cuanto más creces, cuanto más te expandes, mayor es el vacío que se crea dentro.

Debo reconocer que, a pesar de esa capacidad tuya para dejarme fuera de combate y con el ánimo bailando en algún garito de mala muerte lejos de aquí, me gusta un poco que me visites. Si lo pensamos fríamente, eres la única que viene cuando todos se van y eso es de agradecer. También debo admitir que a veces te echo de menos, ya sabes, por esa aversión mía a las multitudes y quisiera que te escapases un ratito de allá donde estuvieses para ofrecerme tu compañía. Pero eres caprichosa, ya lo sé, y sólo vendrás cuando no quiera verte, cuando no quiera sentirte.

Te llamaría amiga, pero me da miedo que eso te de la excusa necesaria para quedarte...

jueves, 7 de marzo de 2013

Los sueños que están por venir

Le encantaba ese rincón, era su propio remanso de paz, su lugar en el mundo cuando todos los demás lugares desaparecían de los mapas. Era calentito en invierno y fresco en verano y, por supuesto, siempre había esperando en él una infusión de esas que son perfectas para ese momento específico (sea cual sea). Sin duda, sentarse allí, con los brazos abrazando sus rodillas, con los pies descalzos y con esa ropa que, aunque estropeada, la hacía sentirse treméndamente cómoda, era uno de esos placeres que pocas personas pueden entender.

Desde esa ventana se veían unas vistas impresionantes. Al final había hecho bien con elegir ese piso en el centro y no aquel de las afueras; era pequeño, pero suficiente y estaba lleno de vida. De fondo se escuchaba un piano, había acertado con el CD que eligió poner. Aún recordaba cómo durante un tiempo la compañía de tal instrumento fue su mejor y más fiel apoyo. Ahora esos recuerdos quedaban lejos ya, poco sabía ya de él, sólo que quedaba en la parte más oscura de la memoria y que, algunas noches, aparecía en sus sueños.

Ese día recordaba su sueño de tocar el piano como un capricho más, a pesar de ser consciente de que nunca lo fue. Y pensaba en si los sueños pueden acabarse así, sin más, que dejen de tener cabida en nuestra vida y desaparezcan; ¿de verdad algo así era posible? De ser así, se compadecía de los sueños que estuviesen por venir...

viernes, 1 de marzo de 2013

Espectro de la noche

Queridísimo espectro de la noche:

Soy quien te observa impasible desde la tranquilidad que deberían dar mis sábanas. No sé por qué te escribo esta carta, ya que en el fondo creo que no te lo mereces, que no te mereces ni un segundo de mi tiempo. Seguramente, no sea la única que te escriba.


No deja de sorprenderme, de asombrarme, esa facilidad que has tenido y que aun conservas para colarte cada noche por mi ventana o para salir de debajo de mi cama y no sé cómo consigues que te preste toda la atención que en esos momentos debería pertenecer a Morfeo.

Utilizas alguna clase de embrujo sobre mí, me dejas a tu completa merced, juegas a quererme y a desaparecer, a dejarme tirada, buscándote como si fuese un alma en pena por los oscuros callejones de mis pensamientos. Me arrepiento de llamarte a gritos cada noche cuando te vas, me arrepiento en el mismo instante en que lo hago y, además, es inútil, porque nunca vuelves.

Pero tranquilo, soy consciente de que tú nunca sentirás por mí lo que yo no puedo evitar sentir por ti; seré feliz con tu visita cada noche, cuando tu altanero corazón, si es que acaso lo tienes, decida posar sus ojos vacíos y fríos en mí. 

jueves, 28 de febrero de 2013

Obras

Silencio. La señal inconfundible de que fuera estaba nevando. Ojalá estuviera fuera. Podría disfrutar de ese silencio, meterse de lleno en él, porque dentro le atormentaban sus propios ruidos. 


Sentía su corazón como si fuese uno de esos taladros percutores que se ven en las obras de las ciudades y sus pensamientos como si fuesen a salirse de su cabeza por un solo folículo piloso. Igual era cierto que dentro se estaban haciendo obras... Ya se sabe, renovarse o morir.

La renovación consistiría en tallar sonrisas, en rellenar esas arrugas de la frente que aparecen cuando uno no encuentra motivos para tener esa parte de la piel estirada, en pegar algún trozo de corazón que se quedó descolgado y en ordenar las ilusiones, desechando las viejas y buscando un lugar apropiado para las que fuesen a venir.

Después de eso, todo debería quedar más bonito, para eso suelen hacerse las obras... 

Vuelvo

Vuelvo. Al fin. No sé si ha sido mucho tiempo o poco y tampoco sé de qué manera vuelvo, pero vuelvo. 
No sé si vuelvo porque lo echaba de menos, porque justo hoy hace dos meses que lo dejé todo estancado o porque la nieve ha hecho que algo se remueva dentro.
Pretendía encontrarme conmigo misma de nuevo y lo he conseguido a ratos, lo cual ya es más de lo que esperaba; quizá sea la sensación de búsqueda, que engancha igual que la droga. Y es que hay cosas que nunca podrán dejarse...

El aspecto del blog también ha cambiado por completo, por ese ansia de cambio que tengo a todas horas, supongo, y él no iba a librarse. Y si a alguien le interesa el por qué de este aspecto tan sencillo y no otro, sólo diré que siempre es en las cosas sencillas dónde se encuentra lo importante.