jueves, 28 de febrero de 2013

Obras

Silencio. La señal inconfundible de que fuera estaba nevando. Ojalá estuviera fuera. Podría disfrutar de ese silencio, meterse de lleno en él, porque dentro le atormentaban sus propios ruidos. 


Sentía su corazón como si fuese uno de esos taladros percutores que se ven en las obras de las ciudades y sus pensamientos como si fuesen a salirse de su cabeza por un solo folículo piloso. Igual era cierto que dentro se estaban haciendo obras... Ya se sabe, renovarse o morir.

La renovación consistiría en tallar sonrisas, en rellenar esas arrugas de la frente que aparecen cuando uno no encuentra motivos para tener esa parte de la piel estirada, en pegar algún trozo de corazón que se quedó descolgado y en ordenar las ilusiones, desechando las viejas y buscando un lugar apropiado para las que fuesen a venir.

Después de eso, todo debería quedar más bonito, para eso suelen hacerse las obras... 

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