viernes, 1 de marzo de 2013

Espectro de la noche

Queridísimo espectro de la noche:

Soy quien te observa impasible desde la tranquilidad que deberían dar mis sábanas. No sé por qué te escribo esta carta, ya que en el fondo creo que no te lo mereces, que no te mereces ni un segundo de mi tiempo. Seguramente, no sea la única que te escriba.


No deja de sorprenderme, de asombrarme, esa facilidad que has tenido y que aun conservas para colarte cada noche por mi ventana o para salir de debajo de mi cama y no sé cómo consigues que te preste toda la atención que en esos momentos debería pertenecer a Morfeo.

Utilizas alguna clase de embrujo sobre mí, me dejas a tu completa merced, juegas a quererme y a desaparecer, a dejarme tirada, buscándote como si fuese un alma en pena por los oscuros callejones de mis pensamientos. Me arrepiento de llamarte a gritos cada noche cuando te vas, me arrepiento en el mismo instante en que lo hago y, además, es inútil, porque nunca vuelves.

Pero tranquilo, soy consciente de que tú nunca sentirás por mí lo que yo no puedo evitar sentir por ti; seré feliz con tu visita cada noche, cuando tu altanero corazón, si es que acaso lo tienes, decida posar sus ojos vacíos y fríos en mí. 

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