jueves, 7 de marzo de 2013

Los sueños que están por venir

Le encantaba ese rincón, era su propio remanso de paz, su lugar en el mundo cuando todos los demás lugares desaparecían de los mapas. Era calentito en invierno y fresco en verano y, por supuesto, siempre había esperando en él una infusión de esas que son perfectas para ese momento específico (sea cual sea). Sin duda, sentarse allí, con los brazos abrazando sus rodillas, con los pies descalzos y con esa ropa que, aunque estropeada, la hacía sentirse treméndamente cómoda, era uno de esos placeres que pocas personas pueden entender.

Desde esa ventana se veían unas vistas impresionantes. Al final había hecho bien con elegir ese piso en el centro y no aquel de las afueras; era pequeño, pero suficiente y estaba lleno de vida. De fondo se escuchaba un piano, había acertado con el CD que eligió poner. Aún recordaba cómo durante un tiempo la compañía de tal instrumento fue su mejor y más fiel apoyo. Ahora esos recuerdos quedaban lejos ya, poco sabía ya de él, sólo que quedaba en la parte más oscura de la memoria y que, algunas noches, aparecía en sus sueños.

Ese día recordaba su sueño de tocar el piano como un capricho más, a pesar de ser consciente de que nunca lo fue. Y pensaba en si los sueños pueden acabarse así, sin más, que dejen de tener cabida en nuestra vida y desaparezcan; ¿de verdad algo así era posible? De ser así, se compadecía de los sueños que estuviesen por venir...

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