jueves, 28 de febrero de 2013

Obras

Silencio. La señal inconfundible de que fuera estaba nevando. Ojalá estuviera fuera. Podría disfrutar de ese silencio, meterse de lleno en él, porque dentro le atormentaban sus propios ruidos. 


Sentía su corazón como si fuese uno de esos taladros percutores que se ven en las obras de las ciudades y sus pensamientos como si fuesen a salirse de su cabeza por un solo folículo piloso. Igual era cierto que dentro se estaban haciendo obras... Ya se sabe, renovarse o morir.

La renovación consistiría en tallar sonrisas, en rellenar esas arrugas de la frente que aparecen cuando uno no encuentra motivos para tener esa parte de la piel estirada, en pegar algún trozo de corazón que se quedó descolgado y en ordenar las ilusiones, desechando las viejas y buscando un lugar apropiado para las que fuesen a venir.

Después de eso, todo debería quedar más bonito, para eso suelen hacerse las obras... 

Vuelvo

Vuelvo. Al fin. No sé si ha sido mucho tiempo o poco y tampoco sé de qué manera vuelvo, pero vuelvo. 
No sé si vuelvo porque lo echaba de menos, porque justo hoy hace dos meses que lo dejé todo estancado o porque la nieve ha hecho que algo se remueva dentro.
Pretendía encontrarme conmigo misma de nuevo y lo he conseguido a ratos, lo cual ya es más de lo que esperaba; quizá sea la sensación de búsqueda, que engancha igual que la droga. Y es que hay cosas que nunca podrán dejarse...

El aspecto del blog también ha cambiado por completo, por ese ansia de cambio que tengo a todas horas, supongo, y él no iba a librarse. Y si a alguien le interesa el por qué de este aspecto tan sencillo y no otro, sólo diré que siempre es en las cosas sencillas dónde se encuentra lo importante.