jueves, 21 de marzo de 2013

Hay alguien

Hay alguien que se pasea por mi habitación. No acabo de saber quién es, pero parece triste, como si hubiese perdido algo importante. Va dando pasitos cortos, sin avanzar mucho, poco a poco. A veces se sienta al piano y juega a que sabe tocarlo, juega tan bien que hasta suena bonito. Otras veces se sienta en la silla, apoya los codos en la mesa y piensa, supongo que piensa. He intentado acercarme, sonriendo  pero se va en cuanto siente que estoy cerca. He intentado hablarle, pero se tapa los oídos y no me escucha, le he preguntado quién es, cuál es su nombre, pero sólo me ha mirado fijamente a los ojos y no ha dicho nada. Pero, finalmente, he descubierto la manera de que se siente a mi lado: dejo que se haga de noche, apago la luz y lo dejo todo a oscuras, salvo por una lamparita minúscula que ilumina lo suficiente como para poder escribir. En ese momento, sin más, aparece a mi lado, se sienta en mi cama y creo que comienza a sonreír... 

domingo, 10 de marzo de 2013

Te llamaría amiga

Apareces de repente, sin previo aviso, cuando más lejos parece que estás. Intento salir corriendo, huir, escaparme de ti, pero siempre me alcanzas sin esfuerzo alguno. Entonces te haces un hueco en mí, pero lo haces de una manera tan extraña que sólo dejas vacío, esa es la prueba evidente de que estás aquí. Y cuanto más creces, cuanto más te expandes, mayor es el vacío que se crea dentro.

Debo reconocer que, a pesar de esa capacidad tuya para dejarme fuera de combate y con el ánimo bailando en algún garito de mala muerte lejos de aquí, me gusta un poco que me visites. Si lo pensamos fríamente, eres la única que viene cuando todos se van y eso es de agradecer. También debo admitir que a veces te echo de menos, ya sabes, por esa aversión mía a las multitudes y quisiera que te escapases un ratito de allá donde estuvieses para ofrecerme tu compañía. Pero eres caprichosa, ya lo sé, y sólo vendrás cuando no quiera verte, cuando no quiera sentirte.

Te llamaría amiga, pero me da miedo que eso te de la excusa necesaria para quedarte...

jueves, 7 de marzo de 2013

Los sueños que están por venir

Le encantaba ese rincón, era su propio remanso de paz, su lugar en el mundo cuando todos los demás lugares desaparecían de los mapas. Era calentito en invierno y fresco en verano y, por supuesto, siempre había esperando en él una infusión de esas que son perfectas para ese momento específico (sea cual sea). Sin duda, sentarse allí, con los brazos abrazando sus rodillas, con los pies descalzos y con esa ropa que, aunque estropeada, la hacía sentirse treméndamente cómoda, era uno de esos placeres que pocas personas pueden entender.

Desde esa ventana se veían unas vistas impresionantes. Al final había hecho bien con elegir ese piso en el centro y no aquel de las afueras; era pequeño, pero suficiente y estaba lleno de vida. De fondo se escuchaba un piano, había acertado con el CD que eligió poner. Aún recordaba cómo durante un tiempo la compañía de tal instrumento fue su mejor y más fiel apoyo. Ahora esos recuerdos quedaban lejos ya, poco sabía ya de él, sólo que quedaba en la parte más oscura de la memoria y que, algunas noches, aparecía en sus sueños.

Ese día recordaba su sueño de tocar el piano como un capricho más, a pesar de ser consciente de que nunca lo fue. Y pensaba en si los sueños pueden acabarse así, sin más, que dejen de tener cabida en nuestra vida y desaparezcan; ¿de verdad algo así era posible? De ser así, se compadecía de los sueños que estuviesen por venir...

viernes, 1 de marzo de 2013

Espectro de la noche

Queridísimo espectro de la noche:

Soy quien te observa impasible desde la tranquilidad que deberían dar mis sábanas. No sé por qué te escribo esta carta, ya que en el fondo creo que no te lo mereces, que no te mereces ni un segundo de mi tiempo. Seguramente, no sea la única que te escriba.


No deja de sorprenderme, de asombrarme, esa facilidad que has tenido y que aun conservas para colarte cada noche por mi ventana o para salir de debajo de mi cama y no sé cómo consigues que te preste toda la atención que en esos momentos debería pertenecer a Morfeo.

Utilizas alguna clase de embrujo sobre mí, me dejas a tu completa merced, juegas a quererme y a desaparecer, a dejarme tirada, buscándote como si fuese un alma en pena por los oscuros callejones de mis pensamientos. Me arrepiento de llamarte a gritos cada noche cuando te vas, me arrepiento en el mismo instante en que lo hago y, además, es inútil, porque nunca vuelves.

Pero tranquilo, soy consciente de que tú nunca sentirás por mí lo que yo no puedo evitar sentir por ti; seré feliz con tu visita cada noche, cuando tu altanero corazón, si es que acaso lo tienes, decida posar sus ojos vacíos y fríos en mí.