viernes, 25 de julio de 2014

Hasta a los cobardes les gusta leer

Parece que hablar del miedo al amor, del miedo a enamorarse o del miedo a los sentimientos está de moda (o quizá sea yo, que soy un imán para los post referidos a eso y voy identificando frases con realidades propias y ajenas) y dado que esto lleva en mi cabeza varios meses, ahí va mi reflexión:

Por un ratito, sólo por un ratito, hasta me gustaría estar en la cabeza de aquellos que se escudan en el "quiero divertirme" o el "no quiero pensar" y a la misma vez van involucrando a alguien en su vida. ¿En serio creen que esas actitudes les hacen bien? Y es que yo no acabo de entender cómo hay personas capaces de tener la sangre fría (aunque es posible que sólo se trate de inmadurez, en cuyo caso igual tiene solución) de no pensar que, quizá, esa actitud les puede hacer ir perdiendo a personas importantes en el camino, no digo ya como pareja, sino simplemente como personas para las que ellas sí que son importantes, porque ¿qué hay más importante que las personas a las que vamos conociendo?, cuando esta vida acabe, seguiremos vivos gracias a ellas, serán quienes nos recuerden y, la verdad, no me gustaría ser la responsable de que me recordasen como alguien que no supo valorarlas lo suficiente. 

Lo más curioso es que, a veces, ese miedo (porque no sé catalogarlo de otra forma) hace que esas personas que no quieren pensar se laven las manos y dejen la responsabilidad total en el otro (que en muchos casos se encuentra ahí sin buscarlo siquiera). En el mejor de los casos, el otro tiene una cabeza mínimamente bien amueblada, siente ese respeto que todos deberíamos sentir hacia nosotros mismos y es capaz de tomar decisiones coherentes y decir: "hasta aquí", pero eso no garantiza que no vaya a sufrir después de pronunciar esas palabras. En el peor, ninguno de los dos hablará y quién sabe qué ocurrirá: puede que los miedos de uno desaparezcan o puede que los miedos del otro salgan a la luz para el futuro. 

Y es que la situación es bastante simple: si no quieres un libro, ¿para qué lo compras?. Y la respuesta también es sencilla: porque nos gusta leer. Porque nos gusta pensar que al menos somos capaces de leer y que nos lean. Porque necesitamos sentir que somos el libro de alguien. Pero hoy en día parece ser que hay gente que no está dispuesta a soportar el peso de ese libro en sus manos y, mucho menos, a pasar una página y correr el riesgo de cortarse con el filo. Quizá es que ya se cortaron con otros filos de otras páginas de otros libros y están tan obcecados en no dejar que esa herida deje de sangrar, que se les olvida pensar que todos tenemos cortes, algunos profundos, y por ello no todos dejamos de querer leer. Porque es verdad, los cortes duelen, pero con el libro se disfruta. Y no le encuentro el sentido a dejar el libro en un rincón o dejarlo a medias cuando la verdad es que nos está gustando y nos está empezando a enganchar. Nadie en su sano juicio y con el nivel de madurez suficiente deja un libro que le está gustando a medias y se queda sin saber el final. Nadie salvo quien es cobarde para enfrentarse a sus miedos. ¿En serio no queremos querer y que nos quieran? ¿o sólo somos demasiado cobardes para querer y dejarnos querer, demasiado cobardes para admitir que tenemos miedo y mostrarnos vulnerables frente a quien nos abre su corazón?

Y lo bonito que sería si en lugar de contar con cuantas personas nos hemos ido a la cama, contásemos a cuantas hemos enamorado o hecho felices, independientemente de que saliese bien o no, eso nadie lo sabe a priori y para eso es para lo que hay que ser valientes, para querer conocer a la otra persona, para saber de verdad quién es, qué te aporta y qué eres capaz de aportarle. Lo bonito que sería dejarse llevar de verdad, porque establecer la barrera del "no compromiso" no es dejarse llevar, por mucho que quieran hacernos creer lo contrario. Aunque del compromiso, ya hablaré en otro momento.

Optimista por naturaleza, quiero pensar que aún estamos a tiempo de cambiar esto, a tiempo de modificar esos pasados que todavía tienen arreglo y cambiar esos futuros que están por suceder. Ojalá...

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