domingo, 17 de agosto de 2014

De la importancia de darse tiempo a uno mismo

Esto de haber estado sin escribir tanto tiempo hace que se me acumulen las reflexiones. Mi cuaderno de notas está lleno de frases que se me iban viniendo a la cabeza en los últimos meses de mi "encarcelamiento" y que pedían a gritos un texto que pudiese darles voz a todo lo que esas tres, cuatro o cinco palabras tenían guardado y hay que darles salida. Primero, porque si ellas se tomaron la molestia de acudir a mi mente aun sabiendo que, con suerte, iban a acabar guardadas en un cajón y, sin ella, olvidadas, yo no puedo hacer menos que darles lo que vinieron a buscar: formar parte de algo mayor. Y segundo, porque me encanta coger mi rotulador verde (el primero que encontré cuando metí la mano en "la caja de los rotuladores") y tachar la idea que ya he utilizado y exprimido todo lo que en ese momento he sido capaz. Esta vez le toca al tiempo (idea recurrente donde las haya), pero no a un tiempo cualquiera, sino al nuestro, al que nos damos o no a nosotros mismos.

Cada día que pasa estoy más convencida de la necesidad y la importancia de dedicarnos tiempo a nosotros mismos. Vivimos en una sociedad en que la soledad no está del todo bien vista (aunque tengo la sensación, o quiero tenerla, de que eso va cambiando poco a poco) y pararse a pensar más allá de la superficialidad del sabor del helado que nos vamos a comer significa perder el tiempo y perderse miles de millones de cosas que podrían estar ocurriendo(nos). Y lo que ocurre dentro de nosotros, ¿qué?. 

Reservar un ratito al día o a la semana o, incluso, al mes a mirar dentro de nosotros y hacernos algunas preguntas con la firme intención de buscar respuestas puede conseguir y consigue que no nos perdamos esos miles de millones de cosas, es más, puede conseguir y consigue que las disfrutemos más y mejor. Sin embargo, hay quien huye de esas conversaciones consigo mismo, quizá por pereza o por miedo a lo que se pueda encontrar, porque creo que todos, en algún momento, llegamos a ser conscientes de que necesitamos hablarnos y escucharnos. Postesgarnos a nosotros mismos de esta manera no suele llevar a nadie a ningún lugar que merezca la pena. Y es que hay quien tiene la costumbre de ir dejando de lado sentimientos y pensamientos que no se atreve a tener y pasa por ellos como de puntillas, y si se le vienen a la cabeza o al corazón, rápidamente busca algo distinto en lo que pensar o algo distinto que sentir, intentando por todos los medios que ese algo sea lo más superficial posible. Y no... 

Siempre he pensado que debemos dejarnos tiempo a nosotros y a nuestros sentimientos, más aún en los momentos importantes. Me explico: casi del mismo modo que cuando algo bueno nos ocurre queremos aprovechar ese sentimiento de felicidad al máximo, deberíamos hacer con los sentimientos negativos. Todo tiene su proceso y no podemos pretender saltarnos los pasos porque están ahí y antes o después debemos llegar a ellos. El duelo por cualquier pérdida es necesario y, aunque es cierto que en esos momentos es bueno sentirse apoyado por la gente y tomar esa ayuda que nos ofrecen, también considero que es bueno pensar qué es lo que sacamos de esa pérdida porque, como dice Albert Espinosa, de toda pérdida también se obtiene una ganancia. Y para saber cuál es la nuestra, no queda más remedio que dedicarnos ese tiempo a nosotros y no valernos del apoyo que los demás nos ofrecen para evitar el preguntarnos a nosotros mismos cómo nos sentimos y respondernos sinceramente. Cuando estas conversaciones no se tienen, ocurre que vamos olvidándonos de vivir como realmente nos gustaría, nos vamos perdiendo aún más sin saberlo (e incluso perdemos a personas) y vamos tomando decisiones que, cuando pasa un tiempo, descubrimos que no fueron las acertadas. Pretendemos, en algunos casos, relacionarnos con los demás vendiéndoles un "falso yo" que vive el momento gritando "carpe diem" porque dice no pensar (una falta de respeto al carpe diem, que ni de lejos implica la falta de pensamiento) y lazos que por un extremo se atan y por otro se van deshilachando. Al final todo se convierte en aire y esas personas que vamos conociendo cada vez nos conocen menos y se encuentran mas perdidas a nuestro lado, porque está más que demostrado que para estar bien con los demás, primero hay que estar bien con uno mismo y para eso, se necesita valor para mirar dentro, porque no siempre las respuestas vienen dadas con el tiempo o no siempre lo hacen a tiempo. Y es que el tiempo y las experiencias vividas ayudan a crecer, pero sólo si los dejamos que de verdad se cuelen en nosotros y les (nos) preguntamos por lo que nos quieren ofrecer. 



Así que de nada sirve que confiemos en que el tiempo nos enseñará el camino si no estamos dispuestos a preguntarle (preguntarnos) por dónde se va y a dónde se llega... 

4 comentarios:

  1. Me gusta la reflexión, estoy totalmente de acuerdo contigo. Démonos tiempo, conozcámonos.

    Un saludo,
    Patricia.

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  2. ¡Muchas gracias, Patricia! y bienvenida a mi blog también :). Nos vamos leyendo.

    Un beso.

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  3. También podemos dejarnos llevar a ciegas, con la compañía de nosotras mismas, y a ver qué pasa.

    Me pasaré por aquí de nuevo.
    Un saludo, a ti y a tu creatividad.

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  4. Muchas gracias por pasarte versandoimposibles!. Me pasaré por tu blog también :).

    Un abrazo.

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