viernes, 1 de agosto de 2014

Nuria

Ayer volví a ver a Nuria... ¿la recuerdas? La conocimos un 28 de julio, en una playa. El agua estaba helada y no invitaba nada al baño; aun así, tú y yo nos metimos. Era nuestro primer día de playa juntos. Antes hubo otros días, pero sin mar, por eso aquel era especial. No teníamos mucho tiempo, así que hicimos muchas cosas en unas pocas horas, quizá cinco, no mucho más. Pero todo esto es secundario. Estábamos tumbados en la arena, hablando entre nosotros, cuando apareció. Desde ese momento, dejamos de ser dos para ser tres. 

La vi un poco cambiada, no sabría explicarlo, no tenía aquella luz que acostumbraba a tener en la mirada, como si una parte de ella se hubiese borrado y ya no fuese la misma. Y supongo que, en parte, así es. De hecho, creo que los tres hemos cambiado desde entonces y ninguna de nuestras miradas sería igual si volviésemos a coincidir. Me estuvo contando que dejó aquello del espionaje, no le quedó otra salida: tenía prohibido involucrarse en ninguna de sus misiones y... está claro que en la tuya se involucró. Lo peor (o lo mejor) fue que no descubrió nada raro, nada fuera de lo normal o nada que no supiera sin necesidad de jugar a los espías. El caso es que lo dejó, presentó su carta de dimisión ante sus superiores y parece ser que estos no tuvieron ningún problema con dejarla marchar. Al parecer, empezaron a molestar aquellas solicitudes constantes para entrar a formar parte del equipo de teletransporte y, ahora que sé eso, me queda la tranquilidad de que, al menos, ella sí que luchó por que siguiésemos siendo tres, tanto que perdió su puesto. Es de agradecer. Ya ves, una lástima, justo cuando empezaba a perfeccionar aquello de colarse en los sueños... Sabiendo todo esto, ya entiendo por qué las últimas semanas ya no la veíamos. Ahora está un poco perdida, como todos, como yo. 

Me preguntó por ti... no supe qué contestarle. Sólo le dije que quizá estarías en la playa, no en aquella, porque tú nunca ibas allí. A lo mejor en aquella otra, de ese pueblecito pequeño, no sé, no la vi, sólo sé que solías ir allí y... si estabas solo, era posible que te encontrase. Estoy segura de que sabría llegar, y yo también. No sé si aparecerá algún día por aquel lugar. Me dijo que, si alguna vez volvíamos a coincidir, te diese un beso de su parte. Le prometí que te lo daría, antes o después, pero lo haría. 

No me gusta no cumplir promesas... menos aún si se trata de ella. O de mí. O de ti. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario