lunes, 20 de octubre de 2014

Deshaz las maletas

Desde hace varios días, las maletas y los bolsos de viaje andan dando vueltas por casa. Hubo que elegir, antes de que el fin de semana comenzase, qué maleta y qué bolso eran los adecuados para emprender un viaje unos y una estancia más corta otros. Maleteros llenos de eso para lo que están ideados y hasta de colchones metidos a presión que corren el riesgo de saltar de un momento a otro. GPS's que a veces pierden más que encuentran y momentos que serán recordados para siempre.

Salimos de casa con las maletas llenas de ropa, zapatos y neceseres, llevando estudiado qué jersey combinarás con qué pantalón y qué zapatos llevarás que vayan bien con todo para, así, ahorrar espacio. El neceser es lo último que metes en la maleta llena hasta los topes porque siempre hay cosas que debes utilizar antes de salir y que también te llevarás y, al final, por mucho que intentes llevar únicamente lo imprescindible, siempre acabas arrepintiéndote de no tener uno más grande. De este modo, el viaje comienza. Pueden ser unas vacaciones, un fin de semana diferente o tu nuevo hogar durante el tiempo que dure.   

Y llegados a nuestro destino, yo digo: deshaz las maletas. Sí, no dejes nada dentro. Abre la maleta y el bolso que elegiste y comienza a guardar cosas en los armarios y los cajones de allá donde hayas ido a parar. Cuelga las camisas, los jerseys y las chaquetas en esas perchas que buscan vida. Y los pantalones también, no se te ocurra usar la estructura de la tabla de planchar, como alguien me enseñó una vez, para colgarlos, porque deberías usarla si vienes para quedarte. Coloca ese libro que te estás leyendo en la mesita de noche, que él también sepa que ese será su hogar durante un tiempo, y guarda la maleta, no vaya a ser que te des cuenta de que, quizá, sólo hayas venido de paso. Ahora entra en el baño y vacía el neceser. Utiliza ese armario con puerta de espejo que existe en cualquier baño y llénalo con tus colonias, tu cepillo y tu pasta de dientes, maquillajes y cuchilla de afeitar o máquina, en su caso; las baldas de la ducha ocúpalas con tu gel, tu esponja y tu champú. Llena también esa habitación de todo aquello que llena a un baño de vida. No dejes los armarios vacíos, haz de ellos y de ese lugar algo tuyo, algo que consiga que, cuando entres, te sientas en casa, algo que te haga disfrutar de ese nuevo lugar en el que te encuentras, que te permita conocer todo lo que hay alrededor de él y que no te haga sentir la necesidad imperiosa de volver a tu hogar. ¿Y todo para qué? Para lograr, cuando te vayas, no poder cerrar la maleta porque va llena de recuerdos, de momentos vividos, de lecciones aprendidas, de más vida de la que llevabas al comienzo de tu viaje y, sobre todo, de ganas de volver a hacer las maletas y partir a un lugar nuevo al que llenar y en el que llenarte de vida. 



¿Te vienes? 

4 comentarios:

  1. Me encanta el final: "Para lograr, cuando te vayas, no poder cerrar la maleta porque va llena de recuerdos, de momentos vividos, de lecciones aprendidas,..."

    Es lo que deberíamos traernos de cada viaje :)

    Un beso,
    Patri.

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  2. Pues sí, Patri, no estaría mal hacerlo siempre :)

    Un beso!

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  3. Gracias por compartir lo que escribes. Hay días en los que es la única medicina paliativa con la que poder irse a la cama con una sonrisa en los labios.

    Gracias de nuevo. Creo que tienes muchísimo talento.

    Un abrazo.

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  4. Wow! Tu comentario me ha emocionado de verdad, Lady T. ¡¡Muchísimas gracias!! Saber que una de mis seguidoras más antiguas sigue ahí es sin duda algo que me anima a seguir escribiendo. ¡Gracias a ti por seguirme! He visto que has vuelto a publicar, ¡me ha alegrado mucho!, aún no he tenido tiempo de pararme, pero me pasaré más lentamente en cuanto pueda.

    ¡Un beso!

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