viernes, 3 de octubre de 2014

La vida en tu sofá

Tu sofá era rojo. No era especialmente bonito sino más bien feo, la verdad, y le faltaban cojines y brazos donde poder apoyar la cabeza cuando te tumbabas. No era un sofá demasiado cómodo y creo que tampoco era demasiado nuevo, pero era tu sofá, mi sofá, nuestro sofá... Y era genial vivir en él. 

Él fue testigo de charlas... de miradas... de risas... de momentos... de abrazos, de caricias, de besos y de aquello en lo que acababa siempre todo esto. Se fundía en esos momentos igual que me fundía yo en ti, igual que lo hacías tú en mí. Fue testigo de cómo con el paso de los días todo cada vez era mejor y peor al mismo tiempo. Fue testigo de despedidas a regañadientes, de "quédates" que no se decían, de "te quieros" que no se pronunciaban. Y se hacía cama, como intentando dar una excusa para que pudiésemos soñar, como queriendo ponérnoslo fácil. Pero no funcionaba. Y me llamaba, y te llamaba, y nos llamaba. Y acudíamos, siempre acudíamos, porque esa era nuestra casa, porque el resto de la casa nos daba igual. Porque en tu sofá podíamos vivir, porque nos alimentábamos el uno del otro y con eso nos bastaba. Así era la vida en tu sofá. 

Pero sentados en él (sentados, tumbados, abrazados...) el tiempo tenía la maldita costumbre de ir más rápido, de hacer que la tarde se hiciese noche con un simple chasquido de dedos y que los días pasasen como si fuese una cuenta atrás para alguien que espera un veredicto final de sobra conocido y se agarra a cualquier cosa para intentar detener el tiempo. Pero no, el tiempo no se detuvo. 

A veces, a pesar del tiempo, me pregunto si ese sofá nos recordará o si hubo otra historia después de la nuestra que borró cualquier rastro de nosotros. A veces, pienso en volver allí y sentarme en él, por ver si me cuenta algo que no sepa o por ver si al abrir los ojos te encuentro y descubro que, al fin, un día nos quedamos dormidos aun sin quererlo...


Tu sofá era rojo. No era especialmente bonito sino más bien feo, y yo me hubiese quedado a vivir en él, contigo...

5 comentarios:

  1. ..quizás sea mejor, dejar el sofá donde quiera que esté porque ya huela a moho. O quizás ya no soporte el peso de nadie más porque los muelles ya no son los que eran.
    Si ya pasó quizás sea que otra cosa mejor esta por llegar, quizas sea un sofa blanco con reposabrazos y hasta un cheslon! :)

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  2. Sí, con el montón de sofás que hay, no debe ser difícil encontrar otros donde seguir contando historias :). Muchas gracias por el comentario, Catadora de sabores :D. Un saludo.

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  3. ¡Buenos días! Te he concedido el premio Blogger Award, en mi blog tienes los detalles ;)

    ¡Un beso!
    Patri.

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  4. Sí, en ocasiones sí que tienen algo de mágico, vértigo :). ¡Gracias por pasarte!

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