viernes, 14 de noviembre de 2014

Sweet November

Noviembre, hace dos semanas que llegaste y aún no te he dedicado unas palabras. Bueno, en realidad, nunca te las he dedicado y supongo que te las mereces, y también supongo que hoy, por ser precisamente hoy, es el día perfecto. Nunca me paré a pensarlo realmente, pero creo que siempre has sido mi mes favorito, aunque de unos años a esta parte hayas decidido hacerte un poco más duro y frío de lo normal. Eres mi mes favorito porque me tienes en vilo durante 28 días esperando sorpresas a montones, creyendo verdaderamente que todo en la vida es posible, llenándome de ilusión y sonrisas, recordándome que durante un año aprendí de todo un poco y que falta nada para que venga otro año más a enseñarme cosas nuevas. Te pasas 28 días obligándome a hacer una cuenta a atrás en la que las 24 horas de cada uno parecen no querer pasar, poniéndome de los nervios, como si algo grandioso realmente fuese a ocurrir. Y quién sabe... quizá ocurra, quizá ocurre todos los noviembres, quizá ocurra también este. Y entonces llega el día, la cuenta atrás se para y el 29 hace acto de presencia en el momento en que me levanto de la cama dando saltos, con una sonrisa de oreja a oreja y unas ganas locas de que, de repente, lo que menos me imagine aparezca por la puerta... o por la ventana, que a mí me da igual por donde venga, pero que venga; y si no viene me lo imagino, porque ese día mi imaginación llega a unos límites insospechados y mi felicidad también. La alegría de la pura existencia debe ser, otra explicación no le encuentro. Y, después, como no queriendo que me acostumbre a esa sensación de estar en las nubes todo el rato, me dejas únicamente un día para disfrutar de todo lo que llegó, un día que pasa volando y que me mete de lleno en diciembre, en donde empiezo a esperar otras cosas o quizá las mismas. 

Mi cuenta atrás va por 15, 15 días para seguir pensando que la magia se está forjando y que aparecerá al abrir una caja envuelta en un papel bonito, en el deseo al soplar unas cuantas velas puestas en una tarta, al abrir la puerta, quizá dentro del buzón, al descolgar el teléfono, en forma de notificación, al encender el ordenador o... simplemente, al abrir los ojos.


Noviembre, siempre te traes contigo a la lluvia, al frío y a los días grises, como el de hoy. Pero, por ser tú, te lo perdono. Y es que a ti te perdono todo. Te perdono las despedidas y las lágrimas porque cuando estás acabando me regalas bienvenidas y sonrisas. ¿Qué me tienes preparado esta vez? Si me lo dices antes de tiempo, tranquilo, que te prometo sorprenderme e ilusionarme igualmente cuando llegue el día. ¿Me lo cuentas? 

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