jueves, 4 de diciembre de 2014

Compartiendo llaves

Hace sólo unas horas que mantenía una de esas conversaciones que hay que mantener alguna vez en la vida, una de esas que sabes que, irremediablemente, van a cambiar el curso de las cosas y que, aunque confías en que será para bueno, realmente, nunca se sabe.

Hablaba de distancia. Y no he podido evitar pensar ahora en lo curioso de esa palabra si la tomamos en el sentido estrictamente matemático, porque resulta que, por definición, la distancia siempre es positiva o nula. Y yo me pregunto: ¿en serio?. Pequeñas contradicciones que nos ofrece la vida, supongo, porque la distancia, más veces de las que quisiéramos, es muy negativa.

La distancia puede ser física o emocional. La física no es salvable: si estamos lejos, estamos lejos y podremos ir a vernos o no, podremos vernos un par de veces al año o una vez cada dos meses, pero seguiremos estando lejos. La emocional sí que puede salvarse. De hecho, incluso uno puede estar a miles de kilómetros y sentirse cerca de alguien, más aún hoy en día (eso es algo que hay que agradecerle a las "maravillosas" tecnologías con las que tratamos habitualmente y que yo tanto odio, en general, pero oye, hay cosas que son innegables). Y precisamente porque la distancia emocional puede salvarse, precisamente porque existen teléfonos, internet y aplicaciones varias, precisamente porque nos ha tocado vivir en este mundo y este tiempo, no concibo la idea de sentirme lejos de quien de verdad importa, aunque pase. Es cierto, cuando empieza a ser habitual no ver a alguien parece que algo quiere resquebrajarse, que hay que hacer alguna clase de esfuerzo para que todo se quede pegado. Al principio no es así, incluso, a veces, esa distancia hace que las personas estén más cerca, supongo que porque se tiene necesidad de ir contando que pasa aquí y allá pero, luego, todo se va normalizando en cierto modo y las "nuevas cotidianidades" pasan a un segundo plano dejando las conversaciones un poco insípidas. Lo bueno, es que si el interés es real, siempre habrá algo que haga saltar la chispa, que, a pesar de las ocupaciones, nos dé un momento de volver a sentirnos cerca, muy cerca, un momento que haga que con dos tazas de té separadas por kilómetros de distancia, las mismas manos y los mismos corazones se calienten como si estuviesen sólo separados por un par de milímetros. Será la magia de la confianza.

Eso, confianza. Esa es la que consigue mantener los lazos unidos, la confianza que no se tambalea pase el tiempo que pase, la confianza en unos y en otros, el saber que, pase lo que pase, estarán ahí, el saber que, pase lo que pasé, estaremos ahí. Pero para que ella aparezca, hay que dar la oportunidad de conocerse, de hablarse, de olvidarse de esas "cotidianidades" y empezar a contar lo que de verdad importa, empezar por ser capaces de hablar de nosotros mismos, de dejarnos los miedos en casa, guardados en un cajón y ser conscientes de que si la otra persona quiere darlo y, de hecho, lo da y a ti te importa, lo justo es corresponder del mismo modo, porque la unilateralidad en esto de las relaciones no lleva a ningún sitio. Que el preguntar "¿cómo estás?" sólo demuestra a medias lo que la otra persona te importa, y es el contestar a la misma pregunta lo que empieza a cerrar el círculo. Porque podemos dar a los demás todas las llaves de casa y dejarlos entrar y salir cuando quieran, pero será irremediable que se las quitemos si un día llegamos a la de ellos y cierran la puerta al vernos. Quizá, si algún día la abren y tiran fuerte de nosotros para que entremos rápido hasta la habitación más lejana del pasillo, sin mostrarnos nada más, nos quedemos sentados en un rincón sin atrevernos a movernos de allí porque el resto de la casa nos resulta desconocida, mientras que nuestro anfitrión se pregunte por qué ya no salimos y por qué la llave de nuestra puerta se atasca al intentar abrir.  

Y... supongo que ahora es momento de compartir llaves, no sé sí todas, seguramente no. La de la cancela de fuera es una buena por la que empezar. Para la puerta principal, usaremos el llamador. 

2 comentarios:

  1. "hay que dar la oportunidad de conocerse, de hablarse, de olvidarse de esas "cotidianidades" y empezar a contar lo que de verdad importa"

    Cuántas cosas dichas en tan pocas palabras.

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  2. Y lo difícil que resulta a veces... pero, sin duda, vale la pena :). Muchas gracias por pasarte, Lady T.

    Un abrazo.

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