jueves, 31 de diciembre de 2015

Doce horas antes de la cuenta atrás...

Esto se acaba señores. Y sí, es cierto, mañana será el día siguiente a hoy y hace ya tiempo que no lo veo como un gran día, pero no deja de ser un buen momento (o uno como otro cualquiera) para hacer balance y esas cosas propias de cada 31 de diciembre: que si las uvas, las lentejas, lo rojo, el champán, las listas con los propósitos que acaban siendo los mismos que los de la nochevieja pasada... 

Pero este año es distinto. Este año miro atrás y casi no me acuerdo de lo que pasó antes de octubre, como si hubiese un vacío inmenso hasta ese entonces, y tengo que rebuscar y rebuscar... y, de repente, todo viene a mi, así, de golpe, y digo: pero... ¡si ha sido un año increíble! Lo que pasa es que mi cabeza ahora tiene un cambio de vida propio lo suficientemente gordo como para no funcionar todo lo bien que ella sabe. Se pasará, seguro. Y ese cambio de vida no deja de ser uno de los grandes acontecimientos de este año.

En la televisión hablaban ayer de cuál había sido la palabra del año. El año pasado fue selfie y este año, refugiado. La mía ha sido libertad. Salía de mi boca cada dos por tres y se materializaba de un modo u otro. Y es que ha sido un placer sentirme libre compartiendo cada uno de los momentos bonitos que este año han tenido lugar, sentirme partícipe de tantas cosas y tan importantes, donde los demás me incluían de verdad, de corazón. Sentir los nervios y los momentos especiales y más importantes de la vida de personas a las que sin duda quiero. Conocer mejor a esa gente que veía de muy cuando en cuando y que se ha hecho un hueco en mi vida en mucho menos tiempo del que hubiese imaginado. Y hasta darme cuenta de que la música y los bailes pueden ser distintos y geniales. Conseguir que toda la cobardía que suelo tener se esfume a ratos, porque rodearse de las personas adecuadas consigue que la valentía escondida aflore. Ha sido un año plagado de sonrisas y lágrimas, pero esta vez de felicidad. Felicidad por la vida que se abre paso y por la que está por comenzar.



Y 2016 se vislumbra ajetreado. Duro en ocasiones. Pero si se pudo una vez, se podrá otra. Y quién sabe, quizá el año que viene, por estas fechas, pueda decir aquello de: "la vida comienza ahora". 


¡FELIZ 2016!

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