sábado, 24 de enero de 2015

Toca para mí

Hola. Hacía tiempo que no estábamos juntos. ¿Qué tal? ¿Bien? Por aquí las cosas han cambiado un poco, aunque imagino que ya lo sabes. Puedo sentarme enfrente de ti, si quieres, o me quedo aquí. Es que verás... Quería decirte algo, así, con letras. Tú puedes contestarme con notas. Pero déjame acabar antes, por favor.

Anoche te vi y nos recordé juntos. Creo que tú no me viste, estaba escondida. Si te hubieses dado cuenta de que estaba allí no habría sabido qué decirte, por eso preferí quedarme en la oscuridad de la noche. Por dónde iba, que me pierdo. ¡Ah, sí!, que nos recordé juntos. Lo pasábamos bien, ¿verdad?. Yo al menos lo pasaba bien. Sé que me fui, que fui yo quien se marchó esta vez. Las cosas cambiaron y te aparté. Sé que hubieses querido formar parte de ello, y que no te dejé. Pero las cosas salieron así y ya no hay vuelta a atrás, ¿o sí?. Visto así, no tiene lógica que te reproche que ya no me llames. Pero tenía que contártelo y esta me parece la mejor forma. No, las tuyas no son las únicas teclas con las que disfruto, y tampoco las únicas que dejé, aunque no te sirva de consuelo. Tampoco quiero que lo haga. ¿Sigues sonando igual?. Sí, imagino que sí, una voz como la tuya no puede perderse nunca. Una vez hablé de sueños, ¿te acuerdas?. Tú eras uno de los míos. Estabas en el primer puesto de esa lista imaginaria que siempre tengo en mi cabeza y en mi corazón. Pero vino la realidad y la emprendió a gritos con ellos, contigo creo que también, y también hubo algún golpe, o eso creo, no lo vi, me fui... Lo siento... Hui. Como los cobardes. En el fondo yo también lo soy. Ahora no sé ni cómo mirarte. Mis dedos me cuentan que se sienten torpes y eso me asusta. Creo que significa que estamos lejos. Aunque yo sé que no. Que tú no te alejas, que siempre me esperas y que no me reprochas nada. Que sólo tengo que volver a encontrarte. Volver a encontrarme. Volver a encontrarme contigo. Volver a encontrarme en ti. Por eso me he sentado hoy aquí, contigo. Por eso, hoy, te pido que vuelvas.

O te digo que vuelvo. Que quiero volverme a enamorar, para recordarme que nunca he dejado de estarlo. Que esto es una declaración de amor en toda regla, sin cobardías, sin palabras escondidas, sin miramientos, sin miedos. Te pido que no te vayas. Que no me dejes, tú no. Que si te vas, vuelvas. Que si me voy, me esperes. Que me llames, como aquella vez. Que me despiertes en mitad de la noche, de repente, y me hagas volver. Que quiero volverte a acariciar porque sabes que mientras te acaricio, eres tú quien eriza mi piel. Porque nadie eriza mi piel como tú lo haces. Porque, quizá, tú también me acaricias. Que tu voz me hacer sonreír y llorar al mismo tiempo. Y te pido que me mires de esa manera que sólo tú sabes, con orgullo, sabiendo que te pertenece una parte de mí que nadie ha tenido ni tendrá jamás. Sabiendo que eso nunca podrá cambiar. Sabiendo que sin ti no entiendo la vida. Sabiendo que a tus notas me debo y mis letras son tuyas.