domingo, 10 de enero de 2016

La noche apremia

Anochece y el final del día se acerca. Un pájaro levanta su vuelo y se posa en el caballete de un tejado, mirando a su alrededor, como si no encontrase lo que busca. Quién sabe si de verdad habrá perdido algo importante. Entonces llega otro y se coloca a su lado, y parece decirle algo, seguramente se lo haya dicho, y los dos emprenden de nuevo su viaje, rápido, al mismo par, como sin pensárselo, que la noche apremia y ellos ya deberían estar en casa. 

Las campanas vuelven a sonar indicando que un rato más acaba de esfumarse, así, como por arte de magia, sin darnos cuenta de nada. Y yo aquí... y tú allí... Y el tiempo escapándose entre los dedos, y el tañido de las campanas recordándonoslo. 

Quizá hablasen del tiempo esos dos pajarillos. Del mismo tiempo al que tantos y tantos poetas dedicaron versos. Del mismo tiempo del que yo te hablo, intentando inútilmente ser a ratos intermitentes como aquellos que en su día escribieron como sin esfuerzo aquello que necesita de años para plasmarse. 

Quizá ellos, los pajarillos digo, se dieron cuenta de que, desde mi ventana, yo los estaba observando. Y puede también que leyeran mi pensamiento y, en lugar de irse a casa, te fueran a ti con el cuento. 



Y el tañido vuelve a escucharse, y mi impaciencia convierte en minutos lo que en su día pudieron ser años...  

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