domingo, 28 de febrero de 2016

Menos mal que tú te quedaste

Cristales empapados y miradas al cielo desde un sofá igual pero, sin duda, distinto. Y después de un día entero dando vueltas y más vueltas llega el momento de aporracear teclas, esas que se quedaron para no olvidarlo todo, para intentar mantener un lazo con un nudo lo mejor hecho que se pudo uniendo el siempre y el ahora.

Menos mal que tú te quedaste... 

Y, a veces, esa que se va, vuelve. A ratos, una vez al mes quizá. Poco, en realidad. Pero el caso es que vuelve, se acomoda, se sienta contigo en el brasero y te mira sin mirarte y te habla sin hablarte. Y tú la miras de reojo, con hostilidad, sin disimular, que se dé cuenta y sea plenamente consciente, que no le quepa la más mínima duda de que no la quieres aquí, que no la quieres cerca, que se vaya. Que aunque el azul sea uno de tus colores favoritos, a tu lado no pinta bien, no pinta nada.
 
Menos mal que tú te quedaste...

Y si de colores va la cosa, el amarillo no me gusta, pero lo prefiero. Así que si te quedas, cambia de color. Báilame el agua que no acepto un no por respuesta, que me da igual lo que pienses. Porque habrá tiempo y lugares. Porque habrá personas y amores. Porque habrá futuro. Porque habrá ganas y fuerzas. Porque habrá nuevos retos y sueños. Porque volverá o volveré. Porque se echará de menos. Porque, al final, siempre merece la pena. 




Menos mal que tú te quedaste...

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