domingo, 13 de marzo de 2016

Lío de estaciones

Hace frío, tanto que una capa de hielo lo cubre todo y es tan resbaladiza que hace tiempo que nos salimos de la carretera sin darnos cuenta. Y es que hace tanto frío, que se nos ha olvidado esperar al verano, que parece que ha dejado de existir, como si ya no fuese a volver. Ya no quedan resquicios ni del otoño con aires frescos que aún conservaba la calidez en octubre de aquel mes de mayo... no, ya solo es marzo, y ha venido frío a pesar de estar a diez días de la primavera.

Quizá habrá que esperar a que llegue ella, como llega siempre, pisando fuerte sin hacer ruido. Puede que no todo sea el rugir de un motor, aunque sea el de una Harley. Puede que se haya quedado a mitad de camino por intentar no seguir corriendo en círculos, por intentar construir algo nuevo, por intentar edificar lo de dentro antes que lo de fuera. Y que a base de alcohol y de huir de la turbidez del humo de un cigarro, las cosas se vean más claras, más transparentes. 

Pero al otoño y a su compañera le apagaron las luces, los echaron de la sala, y fuera hacía tanto frío que corrieron a casa, cada cual a la suya, y el cielo se nubló, tanto que no se vio y tampoco se escuchó. Y su historia se quedó por el camino, justo por la mitad. Sin empezar ni acabar. Sin un "adiós", ni un "cuídate", ni un "nos vemos pronto".

Y puede que en realidad fuese eso, el otoño. Que sólo tuviese sentido con él, que las hojas de los árboles sólo se cayeran porque era lo que tocaba en esa época del año o de la vida. Y que una vez en el suelo, lo más difícil estaba hecho y cada árbol podría llegar a su propia primavera por sí solo. Y quizá el otoño no era él, sino ella, que por un momento sintió una ráfaga de aire frío y se asustó pensando que las estaciones se habían mezclado y que ya no sabía bien cual era su lugar, y tomó la que tuvo más a mano, la que se ofreció, para poder reordenar un poco todas sus hojas caídas y esperar que llegase la primavera e incluso el verano con otros regalos que nada tenían ya que ver con aquellos que ella pensaba. 




Y el caso es que, con este lío de estaciones, los trenes parecen partir sin destino conocido. 

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