domingo, 24 de abril de 2016

Dibujarte

Me gustaría dibujarte, tomar un lápiz entre mis manos y recorrer tu contorno sin prisa. Descubrir en cada trazo dónde se esconden tus cicatrices más profundas y sacarlas a la luz entre las sombras de tu cuerpo para conseguir que, a fuerza de verlas, comiencen a pasar desapercibidas. Y si te dibujase, comenzaría por tu boca, marcando bien la curva de tu sonrisa, porque ella es eterna y no sería justo no dejar constancia de la alegría que transmite. Quizá siguiese por tus manos, esas que dan calma y seguridad a partes iguales, esas que dejaría atadas a las mías, porque a veces no hay mayor libertad que estar amarrado a extremidades ajenas. Y seguiría dibujando tu cabeza, puede que el pelo o tus pensamientos, no lo tengo claro. Aunque creo que, si pudiese, seguiría por estos últimos, para empaparme bien de todo aquello que crees, de todo aquello que piensas, de todo aquello que en algún momento sería nuestra igualdad y nuestra diferencia, para intentar ser un poquito más como tú y así poder entenderte. Seguiría con tus pies y, de ahí, con tus piernas, que son los que se encargan de andar tu camino y conocen cuantas son las piedras con las que tropezaste y cuantas veces te has caído. También están al tanto de hacia donde te diriges y yo confío en que, a fuerza de hacer borrones dibujando tu meñique, el resto de dedos me lo chiven. Y por último, dibujaría tu pecho, perfilando bien cada uno de tus latidos y acelerándolos cuando yo estuviese cerca, porque total, ya que te dibujo, lo hago a mi manera. Pero ya ves, no sé dibujar, te dibujo a ratos, a trozos, a trazos... y así sales, sin brazos, sin cuello... pero quizá es que estos no los quiera en el papel, quizá quiera al segundo como refugio indestructible y a los primeros enroscados a mi cuerpo.


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