domingo, 10 de abril de 2016

Tinta y borrones

Te andaba buscando desde hace tiempo. Casi no me di cuenta de que te habías ido, simplemente, un día miré al lado y ya no estabas. Tampoco pensé mucho en ello, tendrías mejores cosas que hacer, porque la verdad es que últimamente mi compañía era un auténtico tostón. Normal que salieses por patas.
 
Y no sé bien cómo, hace unos días asomaste la cabeza por la puerta, con mirada dubitativa, sin saber muy bien si acabaría echándote o dejaría que te quedaras. Evidentemente, te dejé. Es probable, incluso, que yo misma te llamase a voces y por eso aparecieses. La verdad es que no lo recuerdo, pero tampoco te preocupes, no te lo tomes a mal ni como algo personal, es sólo que de un tiempo a esta parte tiendo a olvidar las cosas importantes. Precisamente por eso creo que te llamé y que no viniste por casualidad, para recordarme todo lo que merece la pena. 

Un té rojo, el viento y la naturaleza han sido testigos de tu regreso. Algunas risas y recuerdos también. Y no, no te aseguro que esta vez vaya a ser mejor, ya me gustaría, aunque prometo intentarlo. Ya ves, incluso lo más fácil se torna complicado a veces. Incluso lo más cercano, resulta estar lejos. Lo que sí te aseguro, es que antes o después dejaré que te quedes y procuraré no aburrirte, dejaré que te expreses con libertad y, sobre todo, que me contagies tus ganas de comerte el mundo a ratos, porque al fin y al cabo, eso es lo que eres, ratos, esos ratitos que lo son todo y que ahora faltan. 




Y mientras tanto, mientras llegas para quedarte, déjame disfrutar de este ratito contigo, de esta pequeña visita, y déjame también agradecerte que no te acabes de ir, que sigas sentándote en la esquinita de la cama con esa media sonrisa que me da la vida y con la certeza de que, pase lo que pase y cuando nada parezca quedar, tú seguirás manchando el papel con tinta y borrones. 

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