domingo, 9 de octubre de 2016

Cuento de hadas

Los cuentos de hadas han cambiado: ya no hay hadas, aunque quizá sí mucho cuento, pero esa es otra historia. Ya no despertamos con un beso como hizo la bella durmiente después de pincharse con la aguja de la rueca. Las historias ahora son otras, sin duda, mejores. 

Vamos despertando de letargos intermitentes con palabras, con pequeñas promesas cumplidas, con risas escandalosas, con charlas escuchadas, con motivación y confianza, con historias que algún día puede que se cuenten, y quizá con algún que otro beso, para qué engañarnos, y algún que otro abrazo. Despertamos de una rutina absorbente a través de las muestras de afecto de los que tenemos alrededor y que se hacen más palpables en momentos concretos, esos en que la unión hace la fuerza, te eriza la piel y trae lagrimillas a los ojos. Uno de esos momentos en los que se dice un "te quiero" sin palabras. Y da igual si eres quien lo dice o quien lo escucha o quien lo siente. Eso ha dejado de ser importante. O quizá es más importante que nunca, porque parece que antes soñábamos sólo con escucharlos y ahora, al fin, sabemos que puede ser mucho más gratificante sentirlo y decirlo, aunque sea con una sonrisa mirando de soslayo, aunque sea con una mirada que no deja de buscar algo que, a ratos, parece encontrar y, a ratos, parece perder. Recuperamos la consciencia al reparar en qué es lo realmente importante, porque aunque mil veces lo entendamos, dejaremos de hacerlo otras mil más. Nos consumimos poco a poco, o de un momento a otro y, de repente, le dan una vuelta a la palanquita adecuada y la maquinaria comienza a funcionar, engrasando los engranajes necesarios para no quedarnos con el corazón parado y la cabeza aumentando revoluciones y sin posibilidad de echar el freno sin estamparse antes.



Y, al final, aparecen navíos de papel donde nunca antes los hubo, deseando emprender un viaje a ese lugar donde los mejores sueños y los más sencillos se hacen realidad, donde las hadas y los duendes vuelven a existir, donde los besos y las miradas sirven para despertar... y también para dormir. 

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