domingo, 8 de mayo de 2016

Compra azúcar

- Dime, ¿alguna vez has pensado en algo que te hubiese gustado hacer y ya no pudieses?

- Si, hace un rato, en el desayuno. Siempre tomo el café con dos cucharadas de azúcar, pero hoy he tenido que echarle sólo una porque se había acabado...

- Te estoy hablando en serio.

- Yo qué sé... Supongo... ¿quién no?

- ¿Y qué era?

- Qué más da. Total, no lo hice y ya está. Ya no tiene remedio. Es tontería mover historias pasadas.

- Bueno, vale, pero... ¿y si volvieses a tener la oportunidad? Es más, ¿y si en realidad nunca la hubieses perdido?

- ¡Mira que cansas a veces, eh! Pues... imagino que lo intentaría, no sé, se supone que eso es lo que debo decir, ¿no?. Bah... seguiría sin tener valor, para qué nos vamos a engañar. De hecho, sigo sin tener valor. Sabes que siempre he sido cobarde, que todo lo que no me venga dado en cierto modo o que no sea ya seguro, acaba por paralizarme. Ya me gustaría a mi cambiarlo, pero no puedo, no me sale, no... no, ya está. Que eso de cumplir sueños está muy bien en la teoría, pero la práctica es mucho más complicada, por no decirte imposible. Ya ves tú que haría yo publicando un... bueno, eso. ¿Y qué iba a decir la gente? Tú me apoyarías, claro, tienes un don para decir lo que cada uno necesitamos escuchar en el momento preciso en que necesitamos escucharlo, pero los demás acabarían cuchicheando a mis espaldas, sonrisas y buenas caras delante, pero no podría fiarme detrás. Que no digo yo que todas las personas sean así, que yo no lo soy y tampoco haría algo así, pero... pues eso, que siempre hay un pero, y en este caso, muchos. Que no, ya está... Si total, tampoco me pierdo tanto... pero es que... ¡llegas tú y me lías! ¡Qué manía con las conversaciones mañaneras de domingo! No sé cómo lo haces, pero cada lunes acaba empezando con algo más que con la semana. Y mira que te odio por eso...

- Y a mí que me encanta que me odies por eso... mañana ya se te habrá pasado. Por cierto, compra azúcar.